MCA Canal Institute
Mar 19, 2020
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Sociedad Distópica, “Final de los Tiempos” y Nueva Humanidad -Entrevista a Emilio Carrillo

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Recientemente se ha puesto en marcha el Proyecto de investigación “Consciencia y Sociedad Distópica”, cuya dirección está a cargo de Emilio Carrillo, economista y profesor con amplio reconocimiento internacional y autor de más de sesenta libros de perfil tanto técnico como espiritual. Su blog, El Cielo en la Tierra, cuenta con más de seis millones de visitas. Considerando el interés general de tal iniciativa, desde Le Monde Mystique nos hemos dirigido a él y amablemente nos ha recibido en su domicilio de Sevilla (España) para mantener una entrevista acerca de la Sociedad Distópica, sus coincidencias con lo que hoy vive la humanidad y las consecuencias prácticas que podemos extraer al respecto. Nuestra compañera Freya Vaneheim ha sido la encargada de hacerle llegar nuestras preguntas. La entrevista es larga, pero merece la plena, pues sus respuestas ofrecen reflexiones e información llenas de consciencia y sabiduría:

Muchas gracias, Emilio, por recibirme en su casa.

        Encantado, Freya, de compartir este encuentro.

Veo que vive entre libros, que llenan su despacho, el vestíbulo de entrada, el salón…

        Y el despacho de mi esposa. Hasta en el dormitorio tenemos estanterías porque no nos caben en otro sitio, ja, ja, ja… En total, creo que se acercan a cinco mil libros. Hace bastante que no hago el recuento y, a veces, llevo a cabo alguna limpieza, pues hay textos técnicos que quedan desfasados. Pero la gente es muy amable y me regala muchos, casi a diario me llega alguno de cualquier parte del mundo. A los que hay que sumar los que compramos nosotros, sobre todo Lola, que anda siempre a la búsqueda de escritos antiguos de filosofía y espiritualidad –teosofía, sobre todo- en librerías de viejo.

También la música clásica le rodea… Hasta tiene un piano y un violín.

La Escuela Pitagórica enseña que el Silencio y la Música son pilares de la Vida. Asiduamente disfruto de ambos. Y la Música, con mayúsculas, es la Clásica. Especialmente, la de Johann Sebastian Bach, mi compositor predilecto, seguido a distancia por Beethoven. El piano es electrónico y pertenece a Lola. En cuanto al violín, me lo regalaron en la Chiquitania boliviana, donde se ubicaron antiguas misiones jesuíticas. La historia del por qué lo tengo es muy hermosa, pero demasiado prolija para compartirla aquí y ahora.

Pues si le parece, vamos entrando en lo que motiva esta entrevista… Dirige el Proyecto de investigación “Consciencia y Sociedad Distópica”. ¿Cuáles son sus objetivos?

El Proyecto parte del convencimiento de que la Sociedad Distópica, anunciada por tantas tradiciones espirituales, está empezando a tomar cuerpo en el momento presente. El Diccionario de la lengua española hace mención a la “distopía” como “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. Sin embargo, la distopía ya no narra un futuro imaginario, sino que desvela el presente cierto. Y es que la Sociedad Distópica ya no es una ficción, ni algo por venir. Es muy real y está aquí, avanzando entre nosotros. A partir de ahí, dos son los objetivos 

fundamentales del Proyecto: estudiar las características e implicaciones de una sociedad así; y formular propuestas prácticas de cómo vivirla con Consciencia.

¿Las tradiciones espirituales anuncian la Sociedad Distópica?

        Mucha gente liga la distopía a un género literario que tiene su trilogía fundacional en las obras Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1984, de George Orwell, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Pero es fácil constatar que la Sociedad Distópica fue presagiada y perfilada hace tiempo por distintas corrientes espirituales: el hinduismo habla de la “Edad Oscura”; el budismo, de la “Era del Olvido”; el judaísmo, del advenimiento de un “Mesías”; el cristianismo, de una apocalíptica “Parusía”; el Islam, de un final que denomina “la Hora”, etcétera.

¿Cuál de ellas considera que es más clara y precisa al aportar información sobre la distopía y la sociedad contemporánea?

        Tras haber leído y examinado numerosos textos sagrados de muy diferentes corrientes espirituales y aunque todas ofrecen similitudes al respecto, las contribuciones más nítidas y directas las he encontrado en el cristianismo.

¿Qué enseña el cristianismo sobre la Sociedad Distópica?

En lo relativo a este asunto, los textos cristianos por excelencia son el Libro de Daniel, integrado en el Antiguo Testamento, y el libro de las Revelaciones o Apocalipsis de san Juan, que cierra el Nuevo Testamento. El carácter profético de los dos es bien conocido. Sin embargo, la interpretación es muy complicada al estar repletos de símbolos y eventos.

Mucho más esclarecedoras son las palabras de Cristo Jesús recogidas en el Capítulo 24 del Evangelio de Mateo, con las que responde en privado a las preguntas de sus discípulos acerca de cómo serán los últimos tiempos de la vigente humanidad.

De ese capítulo recuerdo que dice algo así como que no se sabe ni el día ni la hora de ese final…

Efectivamente, Cristo Jesús dice que nadie sabe del día ni de la hora. Ahora bien, también subraya que hay que estar atentos a los signos, pues no pasará “esta generación” -sinónimo de lo que en teosofía se denomina “raza raíz”- hasta que todo esto acontezca y hay que aprender de la higuera: cuando su rama se enternece y brotan las hojas, sabemos que el verano está cerca.

Por tanto, cuando se vean las cosas que Cristo Jesús relata en el citado pasaje del Evangelio de Mateo, podemos atisbar que el final está a las puertas.

¿Lemuria y la Atlántida han sido razas raíz previas a la nuestra?

En el tramo final del siglo XIX y comienzos del XX, hubo personas insignes, mayoritariamente integradas en el movimiento teosófico fomentado por H. P. Blavatsky, que realizaron una colosal labor de rescate y divulgación de libros y fuentes muy antiguas. Entre los temas que estos tocan se halla la genealogía del ser humano, describiendo las siete razas raíz por las que discurre la evolución de la humanidad durante millones de años. La tercera de las siete fue Lemuria; y la Atlántida, la cuarta.

Y nosotros conformamos la quinta…

         De manera análoga a como nosotros vamos reencarnado en una cadena de vidas, la humanidad va reencarnado en una serie de razas raíz, cada una de las cuales cuenta, a su vez, con siete sub-razas. La raza actual es la quinta y es llamada “aria”, lo que históricamente ha sido objeto de garrafales malentendidos. Y dentro de la quinta raza, desde no menos de 3.000 años nos encontramos en su quinta sub-raza. Es a ella, a la quinta sub-raza de la quinta raza, a la que se refiere Cristo Jesús con la expresión “esta generación”, ofreciendo pistas importantes acerca de cómo será su final para impulsar el surgimiento de una sexta y séptima sub-razas válidas para dar paso a la sexta raza raíz, que es el siguiente estadio en la línea evolutiva humana.

Recuerdo, igualmente, que Jesús relata un proceso “in crescendo” en cuanto a su enjundia y gravedad.

Toda la dinámica que desemboca en la consolidación de la Sociedad Distópica, que avanza ya a escala mundial y se materializará a nivel global en los próximos lustros, se puede asimilar metafóricamente a un huracán de magnitud aceleradamente creciente. Y conllevará vivencias extremadamente duras y dolorosas, honda confusión y situaciones límite de enorme sufrimiento individual y colectivo.

Esto se refleja muy bien en el capítulo del Evangelio de Mateo que nos ocupa. Y poniéndolo en relación con el libro de las Revelaciones, se puede deducir que la Sociedad Distópica se irá instalando mediante un proceso “in crescendo” que contará con dos grandes etapas. Para entendernos, podemos denominarlas los Tiempos de la Desolación y la Gran Tribulación, que culminará con la victoria de la Bestia o Anticristo. Será tras todo esto cuando arranque la Nueva Humanidad o nueva raza raíz.

Entonces podemos hablar de tres fases…

        Los Tiempos de la Desolación, la Gran Tribulación –incluye el triunfo de la Bestia- y la Nueva Humanidad o raza raíz.

Si le parece, vamos a analizarlas una por una.

        ¡Perfecto!

Los Tiempos de la Desolación… ¡Asusta un poco solo pronunciarlo!

Nada de esto ha de provocar miedo. Al contrario, vislumbrar lo que puede acontecer y comprender su significado profundo para nuestra evolución debe contribuir a eliminar cualquier temor.

Las palabras de Cristo Jesús empiezan haciendo mención a males –guerras, hambre, enfermedad, terremotos…- que siempre han existido en la historia humana. Esto ha hecho que algunos análisis de lo que enuncia no pasen de ahí. No obstante, es fácil detectar el énfasis que pone al hablar de ellos. Con base en lo cual y bebiendo igualmente de algunas partes de las Revelaciones, cabe concluir que llegará un momento concreto en la historia de la humanidad que todas esas cosas, que vienen de lejos, se darán con una intensidad mayor que nunca antes.

Estos son específicamente los Tiempos de la Desolación: los males que siempre ha sufrido la humanidad, pero con una intensidad nunca antes conocida.

¿Me podría poner algunos botones de muestra atendiendo a lo que ocurre en la actualidad?

Son cuantiosos, pero me ceñiré a la guerra, el hambre, la injusticia social, el deterioro medioambiental y el daño a otras formas de vida.

No son poca cosa… ¡Adelante!

En lo referente a los conflictos bélicos, la Segunda Guerra Mundial se prolongó seis años (1939-1945) y provocó 60 millones de muertos, incomparablemente más que, por ejemplo, la Guerra de los Cien Años, que duró realmente 116 (1337-1453). Nunca antes una confrontación militar, ni por asomo, había causado tantas víctimas y se había extendido tanto por la geografía planetaria. Y con datos de 2018, debido a las guerras en vigor, hay 50 millones de refugiados que se han visto obligados a abandonar sus hogares y deambulan entre fronteras tratados como si fueran delincuentes. Son cifras sin paragón.

        Con relación al hambre, si acudimos a datos de Naciones Unidas y a la par que los países “desarrollados” generan anualmente 15.000 millones de toneladas de basura, afectó en 2017 a 815 millones de personas, lo que supone, comparativamente, la mitad del número de habitantes que había en todo el globo en el arranque del siglo XX; o la totalidad de la población mundial del siglo XVIII. Nunca antes el hambre había afligido a tanta gente. Y huyendo de ella y de las epidemias, se cuentan igualmente por decenas de millones los hombres, mujeres y niños desplazados de sus tierras de origen.

        En cuanto a la injusticia social, el 1 por 100 más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto. ¡Es una locura! Por las series históricas de las que disponemos, esto sucedió por vez primera en 2015. Y la tendencia es a que empeore todavía más. Joseph E. Stiglitz, Nobel de Economía, ilustra la situación de la siguiente manera en su libro La gran brecha: un autobús que transporte a 85 de los mayores multimillonarios mundiales contiene tanta riqueza como la que suman los 3.750 millones de personas con menor patrimonio. Y un número cada vez más reducido de corporaciones multinacionales controlan absolutamente la economía mundial. Nunca antes la injusticia social había sido tan bestial, ni tan abrumadora la apropiación por unos pocos de los recursos naturales, la riqueza social, la inteligencia colectiva…

Sobre el deterioro medioambiental no hace falta que me extienda. Es obvio que nunca antes había sido tan gigantesco. La crisis ecológica y energética repercute muy gravemente en el hábitat de supervivencia de la humanidad y agrede brutalmente al planeta. Las evidencias son múltiples. Cito sola una: la producción de plásticos, que inundan los océanos y nuestra vida cotidiana con efectos medioambientales demoledores, al tardar cientos de años en descomponerse, ha superado los 300 millones de toneladas anuales cuando en 1950 era solo de dos millones.

Y en lo relativo al daño a otras formas de vida, es tremenda la pérdida de biodiversidad causada por la mano humana: el ritmo de desaparición de especies es 10.000 veces superior a la tasa natural de extinción. Y más de 100.000 millones de animales están en auténticos campos de concentración, donde se les mantiene en condiciones crueles de cautiverio y sometidos a hormonas y otros productos de laboratorio para acelerar su crecimiento y engorde. Todo esto en aras a su posterior sacrificio -¡54.000 millones de animales cada año!- para que sus cadáveres, repletos de células dolientes, sean consumidos por una humanidad que mira hacia otro lado ante tamaña barbarie.

¿Considera entonces que los Tiempos de la Desolación ya se han iniciado?

        Una tesis es una proposición que se mantiene con razonamientos. Tras lo que he venido sintetizando, la realidad invita a tomar en serio la tesis de que los Tiempos de la Desolación ya han llegado. Desde luego, el Proyecto “Consciencia y Sociedad Distópica” la toma muy en serio.

¿Cuándo comenzaron?

        El terreno fue abonado por la Revolución Industrial del siglo XIX y las dinámicas que impulsó de economicismo –productivismo, mecanización, deshumanización…- y colonialismo -precedente de la globalización ahora imperante-. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue el primer signo evidente de que los Tiempos de la Desolación estaban arribando. Y la Gran Depresión de 1929 y, muy especialmente, la Segunda Guerra Mundial supusieron el inicio del nuevo orden, por tildarlo de alguna manera, que se corresponde con los Tiempos de la Desolación. Por tanto, estos arrancaron en la primera mitad de la pasada centuria.

¿Qué papel juega en ellos la explosión demográfica?

La explosión demográfica es un hecho tan incuestionable y sobrecogedor como poco estudiado. Es una seña de identidad de los Tiempos de la Desolación –un factor decisivo para el aumento de la intensidad de los males- y el caldo de cultivo imprescindible para la Gran Tribulación, sobre la que ahora compartiremos. El punto álgido del estallido poblacional se focalizó temporalmente en el siglo XX, aunque sus efectos se prolongarán durante la presente centuria.

        Hay que recordar que cuando Thomas Malthus publicó su célebre Ensayo sobre el principio de la población, primero fue anónimamente en 1798, la demografía mundial rozaba los 1.000 millones de habitantes y había requerido casi dos mil años para multiplicarse por cinco. Es a partir de ahí, en paralelo a la Revolución Industrial, cuando la población empieza a ascender más rápidamente y en 1900 se situó en 1.650 millones. La explosión demográfica ya estaba en marcha y el siglo XX finaliza con 6.070 millones de seres humanos sobre el planeta. Oficialmente, el 30 de octubre de 2011 la humanidad alcanzó los 7.000 millones de habitantes. Y hoy se aproxima a 7.700 millones, habiéndose quintuplicado en menos de 150 años, cuando antes había precisado 2.000. Las proyecciones para 2050 la fijan en 11.400 millones.

Todo tiene su sentido profundo, su porqué y para qué. Y el gran número de almas encarnadas a la vez en el plano humano no es fruto de la casualidad, sino una manifestación de lo trascendente de esta época.

 ¿Cuándo terminarán los Tiempos de la Desolación?

Con el arranque de la Gran Tribulación. Como remarca Cristo Jesús, los Tiempos de la Desolación son solo el principio del proceso final. Los seguirá la Gran Tribulación, que supondrá la plasmación de la Sociedad Distópica.

Por lo que hemos compartido, coincido con usted en que parece plausible la tesis de que los Tiempos de la Desolación (los males que siempre ha sufrido la humanidad, pero con una intensidad nunca antes conocida): arrancaron en la primera mitad del siglo XX, han sido acompañados de la explosión demográfica y están plenamente instalados en la humanidad actual. Pasemos entonces a la Gran Tribulación, que los seguirá. ¿Cómo podremos percibir su llegada?

También es este punto Cristo Jesús puso sobre la mesa un dato crucial: se tratará de una situación cual no la ha habido desde el principio de la humanidad hasta ahora, ni la habrá.

Esta es la clave: la Gran Tribulación no sólo supondrá un incremento, en comparación incluso con los Tiempos de la Desolación, de los males de siempre, sino que a estos se sumarán hechos y circunstancias de abominación nunca antes vividos.

¿Verbigracia, la manipulación genética?

        La manipulación genética, la “Big Data” -esto es, el almacenamiento y tratamiento masivo de la información y su puesta al servicio de los objetivos egóicos de unos pocos-, la contaminación electromagnética, la exposición a radiación de radiofrecuencia y un amplio, demasiado amplio, etcétera.

        El Proyecto de investigación “Consciencia y Sociedad Distópica” tiene precisamente entre sus principales objetivos indagar y recabar información y datos sobre esos nuevos hechos y situaciones en sus diferentes manifestaciones: sistema socioeconómico, estructuras políticas e institucionales, tendencias sociales, ecología, inteligencia artificial, bio y nanotecnologías, salud, educación, cultura… 

O sea, que la Gran Tribulación ya está aquí.

        La Sociedad Distópica ya se divisa claramente en el horizonte. De ahí que podamos indagar sobre ella con fundamento, que es lo que pretende el referido Proyecto. Y todo apunta a que, a lo largo de los próximos lustros, se irá convirtiendo en una cruda realidad. Entonces habremos entrado plenamente en la Gran Tribulación.

 ¿No hay forma de evitarla o, cuando se materialice, reconducirla para que no origine tanto dolor?

        También el Proyecto nos aportará pistas al respecto. Pero todo apunta a que la Sociedad Distópica no se podrá evitar ni reorientar: es como una bola de nieve que rueda ya imparable por la blanca ladera de la montaña y que, inevitablemente, ganará cada vez mayor velocidad, tamaño y fuerza.

Sí esto es así, ¿dónde queda la noción de progreso?

        La idea de progreso surgió en la mente humana bastante antes de los Tiempos de la Desolación. Desde que estos imperan y en la medida que nos acercamos a la Gran Tribulación, la concepción sobre el futuro ha ido girando hacia la negatividad y toda promesa se vuelve amenaza. Basta con observar como proliferan las películas y series televisivas cuyas tramas discurren en un teórico horizonte venidero y como la práctica totalidad de sus argumentos son radicalmente distópicos. El progreso era una promesa de felicidad universal y duradera. Ahora representa la amenaza de un cambio implacable e inexorable que, lejos de augurar paz y descanso, presagia una crisis y una tensión continuas que imposibilitan el menor momento de respiro. En lugar de grandes expectativas y dulces sueños, el progreso evoca un insomnio lleno de pesadillas.

¿Nada podemos hacer?

Una cosa es el “qué” y otra bien distinta el “cómo” vivimos el “qué”. Supongo que luego compartiremos acerca de “cómo” vivir la Sociedad Distópica, que hay diversas maneras. Pero el “qué”, la llegada de la Sociedad Distópica, parece inevitable.

No es ningún secreto que los vínculos humanos son cada vez más frágiles y provisionales. La exposición de los individuos a los caprichos del mercado premia las actitudes competitivas, al tiempo que degrada la colaboración y el trabajo en equipo al rango de estratagemas temporales que deben abandonarse o eliminarse una vez que se hayan agotado sus beneficios. De ahí el colapso del pensamiento, de la planificación y de la acción a largo plazo, junto a la desaparición o el debilitamiento de aquellas estructuras sociales que deberían pensar en esos términos. La historia política y las vidas individuales están quedando reducidas a una serie de episodios de corto alcance y que no son compatibles con conceptos como “desarrollo” o “maduración”.  Y la verdad es que nadie se muestra capaz de proponer alternativas mínimamente serias frente a la tendencia hacia la devastación en la que estamos inmersos. Y nadie lo hace porque, sencillamente, es imposible.

Sufrimos una Economía-Mundo, esto es, una realidad donde lo económico, sus paradigmas y sus parámetros, se impone sobre todo lo demás y todo lo engulle, de la política al arte, de lo social a las tecnologías. Y el sistema socioeconómico, dirigido por una élite cada vez más minoritaria, funciona con base en automatismos técnicos-económicos -pronto será la inteligencia artificial- ajenos a cualquier consideración no ya ética, sino simplemente humana. Esto es lo real: lo humano ya no cuenta para nada en la toma de decisiones de ninguna de las grandes corporaciones que dominan la economía y la sociedad mundial. Como corolario, asistimos a la parálisis de la voluntad –una de sus manifestaciones es la desaparición de la política, en el sentido genuino del término- y a una epidemia depresiva, emocional y mental, que irán cada vez más.

Es por esto que la Gran Tribulación culminará en la victoria del Anticristo…

        El triunfo de la Bestia o Anticristo consuma la Gran Tribulación. Con relación a esto, las palabras de Cristo Jesús están cargadas de simbología.

 ¿Qué es eso de la Bestia o Anticristo?

Como acabo de recordar, una pequeña élite controla el sistema socioeconómico a escala mundial. Y dado el estado de consciencia estrafalariamente egóico, insaciable y voraz de los que la componen, dos son las principales características operativas de esa élite: la querencia e inclinación enfermizas al aumento y extensión de su poder, que nunca considera bastante por inmenso que sea; y las luchas permanentes entre sus miembros por el uso y reparto de ese poder, lo que provoca un continuo proceso de re-selección de sus integrantes y que su número sea cada vez menor.

En este marco, con la materialización y desenvolvimiento de la Sociedad Distópica, sucederán dos cosas: la élite intensificará su dominio sobre la humanidad hasta hacerlo total, sin excepciones geográficas, sectoriales o funcionales; y el número de sus miembros se irá reduciendo, en un proceso de acumulación del poder en menos manos, hasta que, finalmente, solo uno lo ostente y acapare en su totalidad.

Esto es la Bestia o Anticristo: el que tendrá todo el poder a escala planetaria y lo ejercerá de manera abominable. A lo que se puede unir la circunstancia de que no sea humano, bien por su genuina naturaleza o bien porque, debido a los avances tecnológicos, sea un cíborg biológico, mitad humano –elementos orgánicos- y mitad máquina –dispositivos cibernéticos-.

Lo que Cristo Jesús si deja claro es que, por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Y que esos días de tanta ignominia serán acortados pensando en las personas de buen corazón, pues si se alargarán nadie sería salvo.

Para los que integramos la humanidad actual, ¿qué sentido tiene todo esto?

Como subrayé al hablar de la explosión demográfica, nada es casual y todo en la vida tiene un sentido profundo, su porqué y para qué.

En la Gran Tribulación, cada ser humano tendrá que actuar sin que haya lugar a los auto-engaños a los que somos tan dados: por eso los mayas profetizaron la Sala de los Espejos, pues cada cual se verá y será visto como realmente es, en su verdadero estado de consciencia. Será así como los seres humanos, ante circunstancias tan execrables, se dividirán en dos grandes grupos: los que sacarán lo peor de sí mismos; y los que extraerán lo mejor. Será una especie de decantación, como la del agua y el aceite. Cristo Jesús lo describe diciendo: “Estarán dos en el campo y el uno será tomado y el otro será dejado. Dos mujeres están moliendo en un molino, y una será tomada y la otra será dejada”.

Sin caer en milenarismos ni en el equívoco juego de fechas “señaladas” en el calendario, la Sociedad Distópica y su devenir supondrá una rotunda probación del estado de consciencia de cada cual con miras a la configuración de la Nueva Humanidad o Nueva Raza Raíz. Como ya ha hemos compartido, el elevado número de almas encarnadas al unísono en el plano humano –pronto serán 8.000 millones- muestra lo trascendente y decisivo de esta época.

En este escenario, ya lo apunté en una respuesta previa, es esencial no tener miedo. El miedo es lo contrario a la libertad, como la lengua inglesa muestra muy bien: “libre” es “free”; y “asustado” es “afraid”, que se forma como derivación de “free” añadiéndole el prefijo “a”, que en lengua anglosajona significa “sin”. La Sociedad Distópica tendrá una de sus grandes columnas vertebrales en el miedo personal y colectivo, promovido a toda costa por la élite. Por lo demás, ya lo empezamos a observar, mezclará perfectamente los dos grandes instrumentos de dominación, alienación, control y manipulación descritos por Huxley y Orwell: la tiranía benéfica y el entretenimiento alienante del Mundo feliz; y la dictadura violenta y autoritaria de 1984.

¿Quiere decir que es necesario para la evolución humana que la Sociedad Distópica acontezca, con todos los males y sufrimientos que conlleva?

 Es exactamente lo que afirma Cristo Jesús en el versículo 24:6 del Evangelio de Mateo. Y encaja también con el funcionamiento de la Ley de Causa-Efecto: todo lo que hacemos, individual y colectivamente, por acción u omisión, tiene efectos, que pueden ser de corto, medio, largo o largísimo plazo; y estos, los de largísimo, hasta el punto de que transcienden a otra vida o reencarnación, se conocen como “karma”. La humanidad, a lo largo de su historia, ha originado y sigue provocando mucho dolor y sufrimiento no solo a ella misma, sino igualmente a la vida en planeta, en general, y multitud de formas de vida (animal, vegetal…), en particular. Y esto, inevitablemente genera “karma”. Las vivencias que la Sociedad Distópica conllevará también están relacionadas con ello.

Y es muy importante que esto sea conocido, para que las personas conscientes se preparen y se dispongan, en pleno huracán de magnitud aceleradamente creciente, a situarse en su centro, donde no hay viento, la temperatura es cálida y luce el Sol.

Esto es lo que significa sacar lo mejor de uno mismo inmersos en la Sociedad Distópica: situarse en el centro del huracán para, desde ahí, vivirla sin miedo y con Sabiduría y Compasión. Sin miedo, actuando lo mejor que podamos y desde el amor y la fraternidad. Con Sabiduría, para discernir que estas experiencias suponen un paso imprescindible para el nacimiento de algo nuevo y evolutivamente más avanzado -la muerte no existe y la destrucción no es sino una etapa de la evolución-. Y con Compasión, para mantenerse en actitud de servicio a los demás, especialmente a todos aquellos que, sufriendo tanto, les resulte más difícil comprender el hondo sentido de los acontecimientos.

Esto me recuerda al experimento de la rana hervida…

En fisiología se conoce como el fenómeno de la rana hervida y explica certeramente lo que ocurre cuando en un sistema la adaptación no va acompañada por una oportuna toma de consciencia que permita detectar a tiempo su umbral de fatalidad. El experimento consta de tres fases. En la primera, se echa una rana viva dentro de un recipiente con agua a temperatura natural; en ese hábitat, la rana, aunque confinada en un espacio limitado, se mueve con comodidad. En la segunda, se tira a una rana en el miso recipiente, pero esta vez contiene agua hirviendo; ante ello, la rana patalea, brinca y salta hacia fuera para evitar lo que sería una muerte segura. Y en la tercera, otra vez se lanza una rana al recipiente, de nuevo con agua a temperatura natural, pero en esta ocasión debajo de recipiente hay un fogón encendido que, lentamente, va calentando el agua; al ser gradual el aumento de la temperatura, la rana lo tolera y no reacciona y, aunque en todo momento tiene la posibilidad de saltar fuera, lo aplaza y aplaza hasta morir hervida.

Aplicado a lo que estamos compartiendo y volviendo al símil del huracán, si la magnitud de este fuese elevándose pausadamente, serían escasas y, posiblemente, limitadas a un número relativamente reducido de personas, las posibilidades de tomar consciencia y reaccionar para mirar hacia dentro sí, promover su propia transformación y decantarse por una vida distinta a la alienación y la inconsciencia fomentadas por el sistema socioeconómico. Sin embargo, debido a la voracidad de la élite y su insaciable ansia de dominio, se ha llegado a un punto en el que el aumento de la turbulencia del huracán no es gradual, sino sumamente virulenta y punzante, aceleradamente creciente. Esto da lugar a sucesivos escenarios, de los Tiempos de la Desolación a la Gran Tribulación y la Sociedad Distópica, cada uno de los cuales será mucho más agresivo que el anterior hasta dar lugar al triunfo de la Bestia. De este modo, como todo encaja y tiene su sentido profundo, son y serán muchas más las personas que tomen consciencia de lo que ocurren y se sitúen en el centro del huracán en los términos que antes enuncié.

Indica Jesús que a todo esto seguirá inmediatamente la conclusión de “esta generación”, lo que ocurrirá en un contexto con similitudes al célebre Diluvio Universal de los días de Noé…

El diluvio supuso la terminación de la raza atlante, la raza raíz humana previa a la nuestra. Y todo lo que estamos compartiendo desembocará, como ya antes compartimos, en la conclusión de la raza vigente para que aparezca y se desenvuelva una nueva raza raíz.

El fin de la anterior humanidad o raza raíz fue provocado por el agua…

        Y el factor determinante del fin de la vigente raza será el fuego. Así lo señalan diferentes tradiciones. Como ya señalé en una respuesta anterior, la humanidad va reencarnado en una serie de razas raíz de manera análoga a como nosotros vamos reencarnado en una cadena de vidas. Y así como el fallecimiento físico es necesario para que nosotros reencarnemos, el fin físico de una raza raíz es imprescindible para que surja la siguiente.

¿De dónde surgirá la siguiente raza raíz?

Los textos teosóficos sobre la genealogía del ser humano lo explican muy bien: antes de que una raza raíz expire, ya se ha puesto en marcha la siguiente. Bebiendo de fuentes ancestrales y reiterando lo ya expuesto, cada raza raíz tiene siete sub-razas. Y antes de que una raza raíz desaparezca, conviviendo con sus últimas sub-razas –la sexta y la séptima-, ya están presente seres humanos con las características, dada su evolución en consciencia, de las primeras sub-razas –la primera y la segunda- de la siguiente raza raíz.

Estamos actualmente en un estadio avanzando de la quinta sub-raza de la quinta raza. En el tramo final de esta, en el que estamos a punto de entrar, habrá personas que, por su estado de consciencia, ya tengan las características evolutivas de la nueva raza raíz. Ellas serán el puente entre la vigente raza raíz y la sexta que la sucederá.

Y la sexta raza raíz será una nueva humanidad que, por su forma de vida, se asemejará a la descrita por muchas utopías, una humanidad evolucionada en consciencia que habrá dejado atrás los sistemas de creencias, paradigmas, comportamientos y hábitos basados en el egoísmo y el egocentrismo, con todo lo que esto conlleva e implica. Es verdad que en el tramo inicial de la sexta raza (en sus primeras sub-razas) incidirá todavía el “karma” originado por la quinta (el libro del Apocalipsis lo describe señalando que Satanás seré desencadenado y volverá a actuar a los mil años de la configuración de la nueva humanidad), pero, aún así, la sexta raza tendrá similotes con los relatado en numerosos utopías.

¡Qué curioso! Por lo que afirma, la distopía es la llave que abre la puerta para la realización de la utopía…

        Se puede expresar así. La Sociedad Distópica no supone el fin de la utopía. Todo lo contario: es el paso necesario para que se haga realidad lo anhelando históricamente desde el corazón por tantos seres humanos. De hecho, las personas que hagan de puente entre esta raza y la siguiente anunciarán de algún modo, en plena Sociedad Distópica, esa nueva forma de vida que podemos ahora calificar como utópica.

¿Cómo lo harán?

No tenemos información para poder responder categóricamente esa pregunta. El Misterio también es parte activa del proceso que estamos desgranando.

Pero podemos extraer algunas lecciones de lo que se vivió en el final de los tiempos de anteriores razas raíz…

Es una buena propuesta, pues la analogía es un instrumento muy útil cuando se trata de sondear en el Misterio. Consiste en la búsqueda de la relación de semejanza entre cosas distintas o el razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres, hechos o circunstancias diferentes.

Por lo que sabemos, los que hicieron de puente tanto entre Lemuria y la Atlántida como entre la Atlántida y la humanidad vigente, se apartaron de las sociedades de entonces para vivir en territorios alejados. Sin embargo, esto no parece factible en el caso de la Sociedad Distópica, que alcanzará a cada rincón del planeta por su mundialización-globalización.

Lo que conduce a pensar que las personas conscientes continuarán dentro de la Sociedad Distópica, pero conviviendo en comunidades o grupos de fraternidad. Estos serán las semillas de la nueva humanidad: el escenario idóneo para que sus integrantes saquen lo mejor de sí mismos, lo pongan al servicio de sus congéneres en tiempos tan difíciles y vivan estos en el conocimiento de lo que representan y la confianza en lo que conllevarán. Para el cristianismo, el final de los tiempos, tras la Gran Tribulación y el triunfo de la Bestia, acontecerá con la “Parusía”, derivación de un sustantivo griego que significa “presencia”: sacar y hacer presente lo mejor de cada cual, que está íntimamente unido a las cualidades de nuestra dimensión álmica y espiritual, el “Cristo interior”.

¿Está hablando de ecoaldeas e iniciativas semejantes?

        Sí, pero no solo. Igualmente grupos de personas que, viviendo cada una en su domicilio, incluso en ámbitos urbanos, establezcan entre ellas lazos de fraternidad y apoyo e interacción material y espiritual.       

        Pero, ¡ojo!, el objetivo de esto no puede ser aislarse de los demás para sobrevivir en medio del caos, mientras el resto de los seres humanos sufren y mueren. Esto no sería sacar lo mejor de uno mismo, sino otra manifestación de egoísmo. El quid de la cuestión es configurar grupos que practiquen la fraternidad entre sus integrantes y hacia todos los que les rodean. Será así como estos últimos, dando vueltas sumidos en el huracán, verán a personas que se mantienen en el centro del mismo, en paz interior y convivencia armónica, lo que será una llamada y una oportunidad para que tomen consciencia y hagan lo mismo.

Todo lo que ha compartido nos ofrece nueva luz sobre las circunstancias que vive el mundo… ¿Quiere compartir algo más antes de terminar la entrevista?

        Daros las gracias de corazón por interesaros por estos temas y contribuir generosamente a su divulgación.

        Y por último, que no lo último, recordar que Cristo Jesús señala que “este evangelio será predicado en todo el mundo, para testimonio de todas las naciones, y entonces vendrá el fin”. Vislumbro que no está hablando de los Evangelios, en su globalidad, que hace tiempo que están a disposición de todos en los cinco continentes, sino de las enseñanzas específicas de las palabras suyas recogidas en Mateo, 24. Será la forma de extender el convencimiento de que todo tiene sentido y de que existe una explicación trascendente a las desventuras que estamos sufriendo y a las mayores que vendrán. Y no por resignación o fe ciega, sino por una honda sabiduría acerca de cómo opera la evolución y nuestro papel en ella. Confío en que el Proyecto “Consciencia y Sociedad Distópica” aporte su grano de arena a tan crucial tarea.

¡Muchas gracias!

        El agradecimiento es mutuo y compartido.

 

Fuente: https://emiliocarrillobenito.blogspot.com/2018/09/sociedad-distopica-final-de-los-tiempos.html

 

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Neurociencias
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