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May 13, 2014
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El enfoque femenino en la nueva economía

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El enfoque femenino en la nueva economía

La vieja economía sigue concibiendo mercancía con todo y especulando. Se guía por la codicia, la competitividad y el ánimo de lucro. No hay novedad. Hay propaganda, de nuevo. Como dijo el sabio ¿Quieres ser rico? Disminuye tu codicia.

La novedad aparece al abordar los problemas de otro modo. Eso a escalas múltiples quizá sea revolucionario. Hay apremiante necesidad de florecer, ¿cómo? Con una inteligencia tierna y colectiva. Somos mamíferos que necesitamos de la teta y de la leche, pero también de la canción de cuna y de la paciencia. Hace falta enfoque femenino, la economía en su origen lo es.

Fuente : http://www.revistanamaste.com/

 

Por Sofía Mumford
9 abril, 2014

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La vieja economía sigue concibiendo mercancía con todo y especulando. Se guía por la codicia, la competitividad y el ánimo de lucro. No hay novedad. Hay propaganda, de nuevo. Como dijo el sabio ¿Quieres ser rico? Disminuye tu codicia.

La novedad aparece al abordar los problemas de otro modo. Eso a escalas múltiples quizá sea revolucionario. Hay apremiante necesidad de florecer, ¿cómo? Con una inteligencia tierna y colectiva. Somos mamíferos que necesitamos de la teta y de la leche, pero también de la canción de cuna y de la paciencia. Hace falta enfoque femenino, la economía en su origen lo es. Para comprenderlo retrocedamos al Neolítico. ¿Por qué las medallas evolutivas son para el macho cazador? La progenitora era la madre, marchando al paso de los niños, ella era la vigilante y la criadora, la que daba pecho, la que sembraba y cuidaba la cosecha.

La labor que hizo la madre fue la clave del cambio, y mira por donde miles de años después no se han agregado ni plantas ni animales de importancia a los que ya eran cultivados o criados en el Neolítico. Por eso la domesticación surge del cruce entre crianza y educación. La mujer fue clave en el diseño de cómo manejar los recursos. Si “economía” es “gestión del hogar”, la madre sabe mucho, pues ella fue fundamental en el hogar neolítico, una curtida memoria ancestral reside ahí. La azada era manejada por la mujer y la aldea era un nido colectivo. Las tecnologías paralelas aparecen complementando lo que el nido generó. La mujer parió la nueva economía neolítica, cuya tecnología primordial no fueron las armas, sino los recipientes. Las armas que usaba el hombre eran extensiones funcionales de sus brazos y fuerza. ¿Y los inventos femeninos? Los recipientes, que son orificios y cavidades protectoras, de comida, agua, y simbólicamente una extensión de la diferencia sexual. Vasos, recipientes, estanques, aljibes, cestos, graneros, habitáculos, tiendas de campaña, casas, viviendas, represas. La ingeniería lo sabe: la máquina de mecanismo pasivo suele ser más eficiente y por tanto ni se arroja, lanza o clava. ¿Me explico? La economía del recipiente es femenina y tiene en cuenta lo que hay, lo que implica quitar o poner. El economato materno sabe si bastará lo que hay y a cuantos dará de comer. Regresemos al presente y reflexionemos acerca de cómo nos encargamos del nuevo hogar.

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Gestionar la casa responsablemente es algo que las mujeres sabemos hacer, tenemos un ancestral entreno filogenético. Me refiero a que hay que quitar furia, avidez y testosterona al modelo económico. Feminizar la gestión de los recursos es poner bozal a la agresividad. El pensamiento económico neoclásico es masculino, ignora mucho y poco sabe de la Madre Tierra o de la capitana Pachamama. Quizá es preciso incluir mandalas en lugar de tanto diagrama. Los valores varoniles convierten las relaciones económicas en boxeo y arrogancia, en petulancia y vanidad, y confunden las medidas del miembro con la hombría. Las mujeres queremos miembros útiles, pero para la sociedad. Tosca testosterona conceptual y dominante, eso es la vieja economía. Torpe manera de organizar el nido. Por este motivo padecemos la crisis de un modelo, de un sistema estéril que olvida la fertilidad. Y al alterar los sistemas de reproducción natural, al eliminar la diversidad, olvidamos el trabajo de cuidar los recipientes, cuencas oceánicas, prados, campos y las zonas en las que vivimos. Vivimos en el hogar, pero también en nuestras cabezas y en nuestros corazones. Olvidar el problema no ayuda.

El sistema monetario mundial evidencia lo irrefutable para las pensadoras libres y radicales: simplificar, hacer más con menos, frugalidad, usar las manos, usar nuestra energía, usar nuestra alegría, sentir que el mundo es el organismo del que somos parte, ser dignas y pensar en la providencia haciendo en el presente la mayor maniobra posible contra un sistema de creencias basado en el miedo a la pérdida: el dinero. ¿Un sistema de organización productiva basado en un miedo? Vaya chapuza.

Hablemos claro, lo que está en crisis es el régimen de la especulación y los políticos que lo defienden. Por lo que a mi respecta, y me baso en toda la gente honesta y sencilla que conozco: se puede acabar con este sistema, buscando una vida más satisfactoria y simple, sin tanto abalorio. Busco fraternidad, no sucedáneos. Muchas y muchos debemos emigrar y la vida es éxodo, muchas familias se expanden y disgregan por el mundo. Pero somos parte de este mundo, pieza, órgano, recipiente de vida y debemos ayudarnos. No hay violencia en cambiar un sistema agresivo, hay curación y sanación. Ya encontraremos el modo.

La vieja economía acabará con el planeta si no cambiamos. Las empresas harán lo que ya hacen: marketing y maquillaje social corporativo, pero eso no sirve, no basta. ¿Dónde está la nueva economía femenina? Somos mamíferos, hay que cuidar a los cachorros, a las cooperativas, a los que decrecen y viven con menos, a los que miran a largo plazo y cuidan a los hijos de sus hijos. Diferencia lo falso de lo verdadero. Busca un cambio sin sucedáneos ni falsas “nuevas economías”. La falsa “nueva economía” es la economía que patenta y comercia con el conocimiento ancestral, con los saberes de miles de pueblos, con las patentes de cosas vivas. Necesitamos enfocar los cambios de la verdadera economía, la que defiende lo común, patrimonio común, el que seguirá tras nuestra muerte.

Coexistimos en rumbo malo, obsesos por cosas y baratijas. El dinero se acumula y la población subvive. ¿Cambiamos? Aunemos una red de inteligencias sensibles. Esto es grave y ningún ministro hablará con este enfoque. Hay un porqué: casi todos son hombres. Este sistema económico no ayuda a ser felices, no se preocupa por lo importante. Cada semana llegan a las ciudades del globo un millón de personas, de las áreas rurales. Casi 70 millones al año. Por eso el consumo no es una solución, es un agravante.

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Se ha forzado tanto la máquina y tal ha sido la labor de los usureros que para mantener sus ganancias ya pueden vender tanto… ¿cénit de la usura? No lo creo, pero sí cénit del consumo, y obviamente cénit del petróleo, cénit del agua, cénit de la comida… ¿cénit de la empatía? El cénit es el punto culminante, el punto máximo de algo. Ya lo hemos superado, es hora de mirar hacia abajo, hacia la tierra que nos sustenta. En astronomía el cénit es la intersección de la vertical por encima de la cabeza del observador con la esfera celeste. Las personas responsables podemos reactivar la esperanza resistente. Identificar soluciones reconociendo los peligros: el dinero especulativo es el peligro. Hay que iniciar sistemas paralelos que no dependan del dinero, y el dinero que exista debe circular entre los que aportan a lo común, basta saber con quien tratas, quien hay detrás de tus cosas. Cambio con propuestas. Be the change. El modo es cooperar. Sé el cambio. La mecha hace años que está prendida y se acerca al material inflamable. Somos material inflamable y protagonistas de la nueva economía, con alma y espíritu femenino.

Es hora de escarmentar, de detener los automatismos que llevamos todos encima. No sólo será sacar el (poco) dinero de los bancos, sino hacer cosas reales como compartir nuestros dineros con quienes son éticos, justos, transparentes y generosos y valorar la creatividad por encima de las modas. Como siempre me dice un amigo: si con una túnica, sandalias y unas uvas los filósofos vieron el problema que acumular podría desencadenar, ¿no podemos luchar por una vida más simple y justa para todas y todos? Espero esto sea la nueva selección natural, diciendo adiós a los machos vanidosos, plasmando un nuevo modo de vivir la economía. No olvidemos que las mujeres somos púgiles poderosas, pues sabemos por qué luchamos. Habrá que ser valientes. La crisis la llevamos encima y ese sambenito nos hace a todas verdaderas transformadoras, divina providencia ayúdanos: curvas peligrosas se aproximan, se acabó la época de la línea recta e indiscutible.

Sofía Mumford es ingeniera y economista. La Paz, Bolivia

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