Ciencia y misticismo

Ciencia y misticismo

Muchos vivimos en la dualidad de creer en el poder de la ciencia para explicar los secretos del universo, y al mismo tiempo creer que existe una divinidad más allá de lo que la razón logra entender. Felizmente, ya no es contradictorio pensar en estos términos. De hecho, actualmente abundan las investigaciones de científicos prominentes sobre la relación entre ciencia y misticismo.
 
 
El físico Fridtjof Capra fue el primero en descubrir la relación entre ciencia y espiritualidad. En su libro El tao de la física, publicado en 1975, Capra revela en forma brillante los paralelos existentes entre estas dos concepciones del mundo. El desarrollo de la física quántica abrió este camino, mostrando “la danza cósmica entre las partículas, la energía y la conciencia”.
Lo interesante es que el misticismo oriental —el budismo, el hinduismo, el taoísmo y otras culturas ancestrales— intuía, a través de la meditación, que la materia, en su estado subatómico, está constituida por energía; que todas las cosas y eventos están interrelacionados, en perpetuo movimiento y transformación, como parte del universo en su conjunto. En este sentido, nuestra mente, cuerpo y espíritu están profundamente ligados, y conforman un todo con la energía que mueve el universo. Somos producto de esta divinidad. La física quántica nos reveló esta verdad milenaria, oculta tras la ilusión de que lo material, lo concreto y lo medible es lo que constituye la realidad en sí misma.
No obstante su relevancia filosófica, este descubrimiento tiene también implicancias en el plano social y cognitivo. A mi juicio, las ciencias sociales —la economía, la sociología, la política— se encuentran estancadas al intentar explicar la complejidad del mundo actual en base a causas y efectos lineales, siguiendo los patrones de la física mecanicista newtoniana, como si el mundo fuera un juego de billar. Desconocen las enseñanzas de la física moderna —la teoría de la relatividad y la teoría quántica—, donde esta última nos demuestra, por ejemplo, que una piedra, aparentemente sólida y estática, está compuesta por energía y partículas, las cuales interactúan entre sí, en permanente movimiento y transformación. No hay que sorprenderse, entonces, de que los economistas no hayan sido capaces de prever la crisis financiera del año 2008 o la crisis actual que azota a Europa, por su forma mecanicista y parcial de observar “la realidad”. Por ello, tampoco logran explicarse el profundo descontento social existente, a pesar del crecimiento económico que experimenta el país. Es la manía del pensamiento occidental en dividir la materia y los fenómenos sociales en partes independientes que no se relacionan entre sí. A su vez, los políticos y empresarios, en su mayoría —como afirma Capra—, intentan resolver cada problema simplemente moviéndolo hacia otro sitio, sin tener conciencia de que todo está interrelacionado, como lo prueba la destrucción creciente del medio ambiente.
La relación entre la física quántica y el universo espiritual tiene también profundas implicancias en el desarrollo de las personas y en la vida diaria. Por ejemplo, la filosofía budista enseña que el sufrimiento en el mundo surge por nuestra forma de ver la realidad como algo inmutable. Así, pues, sufrimos cuando perdemos un amigo, el trabajo, una pertenencia, etc., debido al intenso apego que tenemos por las cosas, sin tener conciencia de que todo es transitorio. Asimismo, varios conflictos políticos existentes en el mundo se producen debido a dirigentes que tienen un apego fanático a sus creencias y un rechazo constante al cambio. No hay conciencia de que mientras mayor es el apego y el miedo al cambio —el cual es inevitable—, más difícil y traumático resulta el proceso de adaptación a lo nuevo.
En definitiva, los grandes problemas del mundo actual están interconectados. No hay forma de entender la complejidad caótica de la realidad actual y sus múltiples contradicciones sin una mirada dinámica, interdisciplinaria y mística. No existen soluciones aisladas. Por consiguiente, para garantizar un mundo sostenible, una sociedad más justa y humanitaria, es necesario comprender la interrelación existente entre las dimensiones biológicas, ecológicas, cognitivas, sociales, síquicas y espirituales. De otro modo, continuaremos dando palos de ciego tratando de mejorar las cosas. Así de simple.  
 
Altamirano, Juan Carlos 
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