Energía social: El camino hacia la conciencia energética

Cuando compramos fruta, muchos lo hacemos priorizando la producida localmente. Vamos al mercado y compramos aquellas verduras que son mallorquinas, incluso somos capaces de pagar más cuando compramos pescado y gambas de Sóller o de barcas de pesca que algún día hemos visto llegar a un puerto de las islas. Puede que hayamos cambiado el hábito de compra de una cadena de supermercados a otra, donde el cordero, la fruta y las verduras son de Mallorca.

Al hacer estos actos, además de buscar calidad, buscamos proximidad. Pensamos que el proceso productivo local será más artesano, más natural. Nuestra acción revertirá en la sociedad más cercana, fomentando la economía local, aquella que da trabajo a los que están cerca de nosotros. Es la economía social.

Sin embargo, en el caso del consumo doméstico de energía, esta implicación social, hasta hoy, no se ha tenido en cuenta. Nuestros hogares se han llenado de elementos consumidores de energía eléctrica. Equipos que inicialmente eran un lujo, tales como los lavavajillas, las secadoras de ropa o los aparatos de aire acondicionado, hoy en día son cotidianos y sinónimos de calidad de vida en cualquier hogar.

No obstante, la cultura de la energía está muy distante de llegar a la sociabilidad obtenida en el caso alimentario. Somos pocos los que conocemos que dos terceras partes del consumo de energía de Baleares es uso directo del petróleo, debido al transporte aéreo, marítimo y terrestre.

Somos pocos los que conocemos cómo se fabrica la electricidad en Mallorca, o que más del 50% de la energía eléctrica que recibimos en Baleares proviene de la central de “Es Murterar”, alimentada completamente con carbón, que proviene mayoritariamente de Sudáfrica, o que del total de la energía eléctrica que consumimos, la aportación de las renovables en Baleares es realmente débil (no llega ni al 2%) y que proviene mayoritariamente de los parques fotovoltaicos que se han construido los últimos años. Es un claro caso de modelo de generación eléctrica centralizado, de baja eficiencia, basado en combustibles fósiles y que no genera ningún tipo de conciencia social positiva, y que además devuelve muy poco beneficio a la sociedad que la consume.

Energía cercana

Sin embargo, a modo de ejemplo, en Mallorca ya hay centenares de pequeños inversores que han invertido en energía solar fotovoltaica y que, a través de la cubierta de su nave o de su participación en un huerto solar, contribuyen a la producción de este pequeño porcentaje de energía renovable. Energía limpia, hecha en casa y donde la sociedad local participa y rentabiliza sus ahorros. Energía hecha en instalaciones realizadas, instaladas y mantenidas por empresas y profesionales próximos. Energía que revierte sus beneficios a la sociedad local. Energía social. Ya somos unos cuantos que sabemos que hemos aportado nuestro granito de arena a que una pequeña parte de la electricidad de Mallorca sea más limpia, más local y más nuestra. Y se pueden hacer muchas cosas más.

Es el modelo de generación distribuida donde, aparte de las centrales convencionales, necesarias por ahora, aparecen gran cantidad de pequeñas o medianas instalaciones de generación energética (eléctrica, pero también térmica para producir calor o frío), que acercan producción y consumo, y que están mayormente promocionadas e instaladas por actores locales y basadas en energías renovables o en sistemas de alta eficiencia. Energía cercana y de producción relocalizada. Es el modelo opuesto al estándar centralizado que encuentra su paradigma en la energía nuclear con grandes centrales situadas a centenares de kilómetros de los centros de consumos, y donde los beneficios corresponden a unos pocos lobbies y grandes multinacionales.

Hay muchísimas tecnologías que permiten integrarnos localmente en la producción de energía, como la solar térmica, fotovoltaica, termosolar, la biomasa para uso térmico, la energía eólica, la mini-eólica, la mini-hidráulica, y otras menos conocidas como la cogeneración de alta eficiencia, consistente con la producción de electricidad con gas natural, pero aprovechando el calor residual de generación para usos térmicos (empleada en Baleares en la producción cerámica y, con la llegada del gas natural, en clara expansión en el sector hotelero y hospitalario).

Energía y polémica

0Hay pocos sistemas de generación de energía que no causen polémica ni rechazo social. Los que funcionan con energías fósiles, está claro, contaminan mucho, generan CO2 y se basan en un combustible que se agotará tarde o temprano, pero normalmente no las vemos demasiado, pues quedan lejos de nuestra casa. En cuanto a las energías renovables, son más visibles. Los parques solares ocupan territorio y causan impactos visuales, y ni hablar del impacto social de los molinos eólicos; los tenemos más cerca, son visibles. Y lo que tenemos cerca crea conciencia social. Conciencia de que la generación de energía no es gratuita ni económicamente, ni visualmente, ni ambientalmente.

Acercando la energía a la sociedad y haciendo que sea partícipe, creamos conciencia energética. Consumir energía se tiene que convertir en un acto consciente. Hace falta que la sociedad se reeduque respecto a la producción y el coste de la energía. La arquitectura tiene que volver a sus raíces, cuando las casas se diseñaban para no ser frías en invierno y para ser frescas en verano, donde el consumo de energía sea el mínimo necesario. La tecnología tiene que proponer sistemas que aporten la cantidad justa de energía, con el mínimo consumo de recursos. Para eso podremos contar con el uso de energías renovables, como por ejemplo la solar térmica y fotovoltaica, y con equipos de climatización y calefacción cada día más eficientes, como los que emplea la geotermia. Todo esto forma parte de una sociedad consciente de que la energía tiene un coste, y no sólo económico.

En Baleares, los recursos renovables son limitados, puesto que tenemos poco potencial eólico, casi nulos recursos hidráulicos y una biomasa condicionada a nuestro clima seco. No obstante, siempre que ha aparecido un proyecto eólico o solar, no ha sido exento de polémica por su impacto. Tenemos que ser conscientes del modelo que queremos y buscar equilibrio entre el sacrificio del impacto y los beneficios que nos reporta – entonces podremos polemizar conscientemente.

www.intienergia.com

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