Algunas reflexiones de Gurdieff para ser consideradas

Quien conserva la felicidad de ver la belleza no envejece

Franz Kakka

En pleno siglo XXI todavía los que estamos de tránsito por este planeta en busca de la verdad, de saber cuál en nuestro rol al aparecer en esta dimensión, no podemos dejar de considerar las valiosas aportaciones que nos legara Alexandropol George Ivanovitch Gurdjieff, uno de los personajes más enigmáticos y controvertidos del espiritismo moderno, quien nos aporto reflexiones propias de su indagación en esta Tierra llena de contradicciones, pero que también lega lecciones, mensajes que de sabérseles interpretar , ponerse en práctica contribuyen en nuestro crecimiento personal y espiritual.

 Fuente: http://www.camova.lacoctelera.net

Sobre este valioso personaje de su época, nos indica Vicente Muñoz, de que
por sí sola, la biografía de Gurdjieff es lo bastante atractiva como para justificar, al margen de su obra, todo tipo de reseñas y estudios: arqueólogo, pastor, médium, músico, escritor, hipnotista, fundador de religiones y sectas, teósofo, estraperlista, sexólogo, vidente, charlatán, profeta, embaucador... Las etiquetas que podemos utilizar para referirnos a él son, sin exageración alguna, prácticamente innumerables. Y ello porque Gurdijieff es uno de esos inclasificlabes seres (muy al estilo de Rasputín o Aleister Cronwell, por citar algún ejemplo) sobre los que la crítica y la opinión pública no han logrado nunca mostrarse de acuerdo: para unos incuestionables genios, para otros redomados impostores.
Simplificando las cosas, cabría estructurar la vida de Gurdjieff en dos grandes períodos: el de aprendizaje y búsqueda de la Verdad ( que se prolonga, aproximadamente, hasta sus cuarenta años ) y el de enseñanza y transmisión posterior de su doctrina.

Gurdjieff siempre se mostró inquietos, desde niño, le interesaba todo lo que se manifestaba como reto para descubrir la esencia de la misma verdad de las cosas, del por qué de nuestro tránsito, en donde debemos ubicarnos para avivar nuestra llama de sabiduría, especialmente aquella que todos traemos y debemos encenderla en pro de iluminar esa senda por donde debemos transitar sabiendo aprovechar la oportunidad que se nos ha dado de vivir en el mundo físico de las formas perecederas e ilusorias.

Frecuentó monasterios y lugares santos, teniendo acceso a libros sagrados e investigar en milenarias ruinas en busca de lo que él llama el auténtico conocimiento esotérico tradicional. Todo ello para fundar tiempo después, junto a un puñado de fieles, el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre y transmitir su enseñanza a Occidente.

No nos debe sorprender que se señale sobre él, que afirmaba que el conocimiento es limitado, y que sólo es alcanzado por los pocos que lo desean realmente y hacen el esfuerzo necesario para alcanzarlo. Hasta tal punto es así que veía imposible la llegada a todo el mundo de buenas enseñanzas, fuesen del tipo que fuesen. Decía que “los hombres han comenzado a amar su esclavitud”, y que eso es lo que peor que podía ocurrir.

Algunas reflexiones

A manera de exponer algunas aportaciones de sus reflexiones, experiencias en búsqueda de la verdad en este escrito hemos seleccionado algunas a fin de que el lector interesado en estos tópicos tome en cuenta el alcance, las repercusiones de lo legado por este extraordinario ser.

Alcione.cl, nos indica al respecto, que el sistema de ideas de Gurdjieff y sus valores fue tan complejo e interconectado que, volviendo atrás, es difícil seleccionar un aspecto o una idea como «la básica». El elemento común fue el principio de que sus ideas necesitaban ser redescubiertas en la experiencia del alumno. Por esto decía que «el estudio de la psicología comienza con el estudio de uno mismo».
Para difundir sus enseñanzas, fue creando distintos Centros de estudio e investigación en cada una de las ciudades que visitó antes de llegar a París. El más evolucionado de ellos, llamado «El Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre» fue el de Fontainebleau, el que funcionó desde 1922 a 1934 en los terrenos de una mansión que había pertenecido a un miembro de la aristocracia francesa del siglo 18. Una de las actividades características en estos institutos era el estudio de las danzas coreográficas originales de Gurdjieff. Durante los años en Rusia fueron llamadas «Gimnasias Sagradas», y después en Francia, «Movimientos».

Se dice, que los escritos de Gurdjieff en 3 volúmenes no podrían haberse materializado sin la colaboración administrativa y editorial de Olga de Hartmann, la aristócrata esposa del compositor ruso, y gran seguidora de Gurdjieff, y de Alfredo R. Orage, un prominente editor inglés. La señora de Hartmann fue la persona a la cual Gurdjieff dictó la mayoría de sus escritos y quien trabajó con Orage y otros en la traducción del texto ruso al francés y al inglés.
Orage, de nacionalidad inglesa y fallecida en 1934, fue un reconocido autor, editor y estudiante de filosofía. Estuvo residiendo en el Instituto de Gurdjieff de Fontainebleau a principio de los 20, antes de quedarse en New York como el primer «representante» de Gurdjieff en los EEUU. Trabajó como el principal editor a cargo de la traducción del texto ruso de «Belcebú» y de «Encuentros con Hombres Notables» al inglés.

Gurdjieff señalaba : la evolución del hombre no puede abordarse a través de las influencias de masas, sino que es el resultado del crecimiento interior individual. La búsqueda de la verdad, sea por el camino quesea, exige inevitablemente regresar a uno mismo y empezar a solucionar el problema de lo que uno mismo es y cuál es su lugar en el mundo que lo rodea. Sin este conocimiento, nada tiene un punto de enfoque en su búsqueda.

Nos recuerda trascendentalism.blogspot.com que Gurdjieff agregaba: El hombre es el ser que puede “hacer”. “Hacer” significa actuar conscientemente y de acuerdo con la propia voluntad. Sin ninguna exageración podemos decir que todas las diferencias que nos impresionan entre los hombres pueden reducirse a las diferencias en la conciencia de sus acciones. Sin embargo, entre los hombres ordinarios, así como entre aquellos que son considerados extraordinarios, no hay ninguno que pueda “hacer”, porque para ello se necesita un grado muy elevado de ser y de conocimiento, de los que carece el hombre que duerme. En su caso todo está hecho en el sueño. Ante todo el hombre debe despertar. Habiendo despertado, verá que tal como es, no puede “hacer”. Tendrá que morir voluntariamente. Una vez muerto, puede nacer. Pero el ser que acaba de nacer, debe crecer y aprender. Cuando haya crecido y sepa, entonces podrá “hacer”. De momento, el hombre ni siquiera es capaz de la más mínima acción independiente o espontánea. La totalidad de él no es otra cosa que el resultado de influencias externas. El hombre es un proceso, una estación transmisora de fuerzas.

Gurdjieff aporta, que conviene que el hombre tome una decisión sobre cómo hacerlo en pro de su evolución. Debe tomar la decisión de que será absolutamente sincero consigo mismo, que no cerrará sus ojos a nada, que no rehuirá ningún resultado, sin importar a dónde lo conduzca, que no temerá ninguna deducción, y que no se limitará por muros previamente erigidos. Se requiere mucho valor para aceptar sinceramente los resultados y conclusiones a que se llegue. Éstos desbaratan toda su línea de pensamiento, y lo privan de sus más agradables y queridas ilusiones. Ante todo ve su total impotencia y desamparo ante literalmente todo lo que le rodea. Es poseído por todo y gobernado por todo. Él no posee y tampoco gobierna nada. Las cosas lo atraen o repelen. Toda su vida no es más que un ciego dejarse llevar por estas atracciones y repulsiones. Además, si no teme a las conclusiones, puede ver cómo se forman lo que él llama su carácter, gustos y hábitos: en una palabra, cómo están construidas su personalidad e individualidad.

No hay que olvidar, que el ser humano es un ser plural. No hay un “yo”, sino muchos “yoes” que se van intercalando a la hora de hablar, juzgar o actuar. Somos una especie de parlamento donde hay mayorías y minorías. Cada cierto tiempo, un grupo toma la palabra, y en ocasiones se producen pequeños golpes de estado y un grupo que antes no era oído se empieza a hacer oír, pero no dura mucho, porque enseguida lo reemplaza otro. Las mayorías y minorías van cambiando de peso. Algunas desparecen para siempre, otras viven con nosotros para siempre, pero lo importante es que en el plazo de unos minutos, somos muchos, no uno

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